Akse, arte sin permiso

Cuando tienes 15 años y estás metido en el mundo del graffiti, fijarte en todo lo que se pinta a tu alrededor es parte de tu día a día. En esa época, estudiaba en El Escorial, uno de los pueblos de la sierra madrileña donde más actividad había; por lo que mis ojos se nutrían cada tarde de cientos de tags y decenas de piezas recién pintadas. Ya fuesen de los años 90 o comienzos del SXXI, procuraba ver todo tipo de graffiti, tanto de décadas pasadas como de actualidad; algo que a día de hoy es casi imposible gracias a las medidas de “limpieza” por parte de los ayuntamientos, quienes han conseguido borrar de los muros para siempre gran parte de la historia del arte. El graffiti es un arte efímero, y la fotografía su mejor aliada.

Una de las crews que más llamaban mi atención era AXP, cuyo rastro iba siguiendo por las calles y vías del tren como si fuese un sabueso. Hace unas semanas, conocí en persona a Akse, uno de sus integrantes más activos. Durante unas cuantas horas, estuvimos hablando de graffiti, compartiendo impresiones y tomando algunas cervezas. Aquí tenéis el resultado del encuentro ¡Que lo disfrutéis!

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Akse – “ Empecé a pintar graffiti en el 95 primero con un Edding 800 y luego, entre varios colegas, con botes que comprábamos en los chinos o en ferreterías a precios prohibitivos. Vivíamos en San Lorenzo y cuando alguno iba a Madrid todos le pedíamos pintura; comprábamos los Felton en Tiempo Libre o los Montana en Tribu Urbana, según lo que recaudáramos, ya que cada bote te salía a 350 o 450 ptas. En Tiempo Libre había gente que te robaba los botes, “volcaban” a chavales. Era gente que se tiraba las tardes muertas para robar botes a los niños. Yo robaba rotuladores en tiendas, pero si tenía dinero compraba botes. Le dejaba pintura a los colegas y otras veces ellos me la dejaban a mi. Nosotros siempre hemos visto el graffiti como algo divertido, hemos sido gente sana que no buscábamos pelea, nunca hemos ido a pegar a nadie.

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En San Lorenzo hicimos un grupo que éramos los ESK y luego hicimos otro que era los CB4. Pintamos una temporada con ese nombre, también como MG junto a gente del pueblo que más tarde lo dejó. Era la época de los DN, SF, KGB, PM y KL. La cintas de rap que teníamos eran grabaciones de las maquetas y discos que “rulaban” por ahí; como las de Kase O, Bufank, La Puta OPP, CPV, 7 Notas, Desastre Natural, etc. Mi amigo Domin estudiaba en Buitrago y cada fin de semana traía cintas nuevas para nuestro deleite.

Los fanzines originales los fotocopiábamos y hacíamos copias grapadas. Entre los colegas, lo que tenía uno lo teníamos todos. “Rulaban” mucho las propiedades, las pequeñas pertenencias eran objetos comunales, eran de todos. El día que uno tenía cualquier cosa “flipabas”, porque al día siguiente lo teníamos todos. Antes, un fanzine o una cinta eran tesoros.

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Me fui a vivir a otro pueblo más pequeño en 1998. Cuando llegué allí no conocía a nadie, pero al comenzar el instituto en Septiembre, me empecé a llevar con Ske; un chaval que me presentó a mucha gente del pueblo. Salía por ahí y me fijaba que había gente que también hacían piezas y tags, eran chavales del rollo. Un día se me presentaron y acabamos debajo de un puente marcándonos unas piezas con tiza, ya que no teníamos otra cosa. Esa tarde se pusieron las bases de lo que luego seríamos los AXP.  Después de ese día, empezamos a bajar juntos a Madrid para pillar pintura y pintar después por el pueblo.

El nombre de AXP surgió con el tiempo, porque éramos un grupo de amigos que pintaban y buscábamos un nombre que nos representase. Al principio era SK y después surgió Arte Sin Permiso, pero nos sonaba mejor AXP y así se quedó. Esto fue en el verano de 1998 y, desde entonces, hemos crecido juntos. Somos más un grupo de amigos que un grupo de escritores, ese era nuestro sello de identidad. Hemos viajado juntos para pintar, hemos sido padres, nos hemos casado, hemos salido en fanzines y nos hemos dado a conocer así.

Éramos unos inconscientes, lo pintábamos todo. En un pueblo, de uno 1200 habitantes, en el que empiezan a aparecer pintadas, en el que todo el mundo nos conoce, en el que todo el mundo es familia y en el que una vez al año nosotros pintábamos para el ayuntamiento; pues acabamos metidos en líos sin querer. Hemos pretendido no pintar casas, hemos pintado en lugares que no debíamos, hemos hecho chiquilladas y cometido errores que, ahora mismo, no haríamos. Lo que nunca hemos hecho es hacer daño a alguien.

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En el pueblo teníamos nuestro Hall of Fame y un turno de tren para pintar cuando nos diese la gana. Mucha gente de todo Madrid venía a pintar a ese turno, era bastante famoso. Allí fueron los grandes nombres del graffiti madrileño en los 90, como Alkón, Sha, Bat, Freg, Joke, Lama, Neal, Nei, Buni, Wosoy, Jeos, Thow, Grek, Mika, ATV, DTS, etc. Todos pintaban allí y a muchos de ellos les acogíamos cuando venían.

Imagínate que te vas a pintar a un pueblo en invierno, son las 19h00, de noche y el próximo tren para volver a tu casa es a las 21h00. En esas dos horas estábamos con ellos, les sacábamos abrigos si hacía frío o un bocadillo si tenían hambre mientras hablábamos de pintar. Si no pintábamos con ellos, les decíamos como entrar y salir, con quien había que tener cuidado y con quien no. La gente estaba encantada, mejor eso que algunos cazurros que te recibían a palos o te tiraban piedras. Nos estaban muy agradecidos, nos avisaban cuando venían a pintar y les decíamos si estaba muy vigilado o no.

Con el tiempo se convertían en muy buenos colegas y quedábamos para pintar juntos en muchos otros sitios, preferíamos que vinieran ellos a otra gente. Hemos conocido gente de todo Madrid, desde Vicálvaro a Aluche, nos acogían también como lo hacíamos nosotros.

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Siempre hemos tenido una relación muy estrecha con gente de San Lorenzo y Villalba. Poco después nos juntamos todos bajo el mismo paraguas: La Sierra. Éramos escritores de Ávila, El Escorial, Villalba, Alpedrete, Collado Mediano, etc. También gente de Las Rozas, de hecho había polémica ya que este no es un pueblo de la sierra, pero nosotros no echábamos a nadie; éramos un grupo más para unir que para separar. Teníamos nuestras sudaderas, camisetas y pintábamos juntos, siempre con Joke y Lama como mentores y punto de unión. Fue una época muy bonita, había mucha unión y conocíamos gente que, con el paso del tiempo, no vuelves a pintar con ellos pero sí quedas para tomar unas cervezas.

Los viernes por la tarde íbamos a revelar carretes a San Lorenzo o al Galaxia de Moncloa, era un punto de unión de todos los escritores de Madrid. Ibas allí, y entre que dabas el carrete y te lo devolvían, podías conocer a otros escritores, quedar con ellos e intercambiar fotos; porque ellos tenían algunas tuyas en su carrete y al revés. Era un mundillo muy fraternal que, ahora mismo, ya no veo porque no existe. Pasaba lo mismo en World Wide, fueras a la hora que fueras, veías siempre a la misma gente porque era donde se quedaba.

En mi casa el teléfono estaba en el salón, por lo que no podía tener conversaciones “secretas” con nadie. Cuando había algún “tómbolo” llamaba a los colegas para avisarles, ellos sabían lo que era pero mi madre no, cuando lo escucho por primera vez pensó que era una droga. “Tómbolo de regional naranja” para ella debía ser lo peor de lo peor y para nosotros un milagro caído del cielo. No había ni teléfonos móviles, ni Facebook ni Whatsapp; por lo que si querías hablar con alguien, tenías que hacerlo así o salir y llamar por una cabina.

sierra

Respecto a las influencias, los de mi generación imitábamos a los escritores y pioneros de nuestro barrio, ciudad o pueblo. En mi caso, primero conocí a gente que me gustaba como pintaba y a los que imitaba, a raíz de conocerles descubrí a los pioneros y luego a los pioneros de NY; gracias a películas como Style Wars, libros como el Spray Can Art y fanzines. Mi estilo está definido por la gente de San Lorenzo en los 90, aunque luego veo gente de NY, a los TFP, y me flipa. Me acuerdo de ir por Madrid y reconocer los estilos por barrios, como cuando surgió el estilo “aravaqueño” de la zona de la A6 de Las Rozas y Pozuelo, había un estilo propio. Al igual que en San Lorenzo, había un estilo definido a finales de los 90.

Llegó un momento a mitad de la década que hubo una oleada de vandalismo en el graffiti, Ácidos, cristales rallados, escritores con bates en los metros; todo eso para el periodismo sensacionalista les vino muy bien para criminalizar el resto del graffiti, les dimos pretextos para llamarnos criminales.

¿No está bien pintar trenes? Lo sabemos todos, es sentido común. Nos puede gustar más o menos pintar trenes, vale, pero pegar al de seguridad para pintar un tren… creo que hay unos límites. Cuando íbamos a pintar tren, si había guardas jurados lo que hacíamos nosotros era irnos, no volver 15 tíos para pegar a los jurados y pintar. No defiendo la violencia en ningún sentido, al igual que a mi me han pegado porrazos yo no defiendo que se peguen porrazos a los de seguridad. El juego es buscar la picaresca para pintar cuando no estén o cuando no te vean.

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En Barcelona se pintaba mucho porque era más fácil, eso siempre ha sido así. La gente viajaba hasta allí porque sabían que iban a triunfar. En un fanzine a nivel nacional como la Wanted, por ejemplo, las páginas que más molaban eran las de Madrid; porque el riesgo de pintar un tren en Madrid le daba a la foto mas caché que irte a Barcelona a pintar un Wholecar, eso era así. El metro en Madrid es el más difícil de toda Europa,  pintar un tren en Madrid te daba un cache que no te lo daba pintártelo en otro lado. Luego veías películas,como las de Misión Imposible del Buni, Bajo TierraPush it to the limit, por ejemplo, y flipabas. Molaba porque veías a la gente que te gustaba de Madrid, gente que conocías, y eso te llenaba de orgullo; lo veías y te daban ganas de pintar.

Me tocaron los 90, me toco el graffiti y estoy muy orgulloso de haber vivido lo que he vivido y conocer lo que he conocido y de haber formado parte del graffiti de los 90 y lo que supuso el efecto 2000 y eso no me lo quita nadie. El Graffiti es una bestia que tienes dentro de tí y, o la alimentas, o la apaciguas. El que ha pintado y ha sentido esa adrenalina le es muy difícil dejar de hacerlo.

Un saludo a mi mujer, mis hijas, AXP, SF, DN y a todos los escritores con los que he coincidido.”

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Autor: Diego Baos

Keep on truckin´