Locos por las zapas, Dashape y Cha Chá Club

Si eres una de esas personas cuya devoción por las zapatillas consigue vaciar tu cartera, tus ahorros y tu cuenta bancaria (o al menos tentarte a ello) el pasado 6 y 7 de mayo tuviste una cita en la cuarta edición de Dashape.

Hace unos días, te adelantábamos algunas de las actividades que se habían organizado alrededor de uno de los eventos para sneakerheads más relevantes de la capital de España. Al enterarnos de que la organización nos había escrito para invitarnos a asistir al evento, no pude resistir la tentación y acepté la oferta para poder conocer Dashape con mis propios ojos.

Antes de subir al tren rumbo a Chamartín, decidí emplear una hora en verme “Locos por las zapas” (Just for kicks), quizá uno de los documentales más recomendables para entender la cultura sneaker. En la película, se narra como la zapatilla deportiva se ha convertido en un icono de moda, de estilo y objeto de deseo para millones de fans y coleccionistas de todo el mundo. A parte de las declaraciones de personas como Raekwon, entre otros muchos coleccionistas y editores de revistas de moda, también nos informa sobre el negocio global que supone.

Esta relación de las zapatillas con la cultura Hip-Hop nace en Nueva York en los años 70. Cuando el graffiti y el breakdance comienzan a consolidarse dentro de los barrios de la ciudad norteamericana. La comodidad que este calzado otorgaba a la hora de pintar vagones de metro, bailar o jugar al baloncesto, hicieron que poco a poco, estas se convirtiesen en un objeto de culto imprescindibles para los integrantes de la sub-cultura.

Estación de Chamartín: Dashape 2016.

Una vez llegué a la parte superior de la estación –lugar escogido para acoger el evento– el olor a marihuana que acompañaba a la puerta del recinto me invitó a pensar que, muchos de los asistentes, llevaban por allí varias horas, entrando y saliendo, charlando con los amigos y reencontrándose con viejos conocidos.

Tras obtener el pase de prensa, al entrar el recinto, fui consciente de la magnitud del mismo. Cientos de personas se habían desplazado el sábado por la tarde para conocer, al igual que yo, lo que el evento nos deparaba. Stands de tiendas especializadas, puestos de venta de particulares, barras de bares de algunos de los locales de moda del centro y un live-action de arte urbano, conformaban el ambiente sobrecargado por curiosos y sneakerheads dispuestos a adquirir (o contemplar) algunos de los productos exhibidos.

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Lo cierto es que la impresión que daba el evento es que más que una oportunidad para poder adquirir nuevos modelos para las colecciones particulares de los asistentes, el evento se asemejaba más a una reunión de diversos grupos de amigos que, al compartir intereses comunes, habían encontrado en Dashape una excusa perfecta para pasar la tarde del sábado. Si bien es cierto que, de vez en cuando, se podía ver a alguien preguntando el precio o comprando alguna gorra o zapatilla, daba la impresión de que la mayoría de los asistentes se movían más por la curiosidad que por las ansias de comprar.

Una de las iniciativas que cabe destacar del evento fue la iniciativa promovida por el evento para recoger aquellas zapatillas en desuso que los asistentes podían donar a la ONG Dianova, la cuál, las usaría con motivos de atención humanitaria.

Para continuar la velada, los organizadores habían montado una fiesta en Cha Chá Club, uno de los garitos de moda en la noche madrileña, junto a la marca de ropa Lacoste. Esta sesión se ha conseguido labrar un nombre al considerarse una evolución lógica de todo el panorama nocturno que crearon los integrantes de Zombie Club, en el que parte de la escena musical y televisiva madrileña frecuenta los viernes por la noche.

Dashape se ha consolidado como uno de los eventos de referencia en el movimiento sneaker español, demostrando que, año tras año, consiguen congregar a miles de entusiastas de las zapatillas. No sabemos si, con el paso del tiempo, aparecerán más eventos de este tipo, o si serán mas frecuentes. De lo que si podemos estar seguros, es de que el año que viene, seguramente repetiremos en Dashape.

¿Es StockX el Wall Street de los Sneakerheads?

En el 2015, los sneakerheads de EEUU que se dedican a la reventa de zapatillas, ganaron más dinero que Skechers, la principal competidora de Nike. ¿Qué está pasando?

En el año 2015, Skechers se convirtió en la segunda marca de zapatillas más popular en EEUU, llegando a superar incluso a adidas, y generando un beneficio económico superior a los 209 millones de dólares. El mercado de reventa compuesto por sneakerheads, dedicados a la compra y venta de zapatillas, generó un beneficio superior a los 380 millones de dólares. Nike lidera la venta de zapatillas en todo el mundo, se compran y se revenden más de 9 millones de pares cada año –el 96% de las zapatillas revendidas son de la marca Nike o Jordan– y esto solamente en EEUU.

¿Qué está pasando? ¿se ha vuelto más rentable que nunca dedicarse a la reventa de zapatillas? Estas se han convertido en una oportunidad de inversión para todas las personas que quiera invertir en ellas, cualquier chico de 16 años puede juntar sus ahorros, comprar unas zapatillas, venderlas de segunda mano y sacarse un beneficio en un mercado que mueve dinero tanto a nivel financiero como en las calles.

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La reventa de zapatillas, al igual que cualquier otro mercado, se basa en la ley de la oferta y la demanda.  Si un modelo determinado es muy demandado, su preció subirá. En el caso de que no tenga compradores interesados, su precio bajará.  A pesar de ser un mercado que no se encuentra regulado, existen personas que han decidido que merece la pena llevarlo un poco más lejos, profesionalizarlo, añadir datos y convertir esta práctica en una forma de vida, en un negocio.

Josh Luber, el creador de StockX, una página web dedicada a rastrear el precio de los modelos de zapatillas por todas las plataformas de reventa de zapatillas para fijar un precio estándar a cada modelo que se encuentre en venta.

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Tanto Dan Gilbert como Josh Luber, dos de los encargados de la creación de esta página web, decidieron aplicar la lógica financiera al mundo sneaker, posicionando las zapatillas como si de un valor de bolsa se tratase, permitiendo especular y demás trucos financieros para ganar dinero tan solo comprando y vendiendo zapatillas.
StockX permite poner en contacto a compradores y vendedores, ofreciendo garantías de autenticidad sobre los productos disponibles. De momento, sus creadores quieren que la web se dedique exclusivamente a las zapatillas. Pero quien sabe, quizá en unos años se amplíe el negocio y se animen a ofrecer los mismos servicios para streetwear, relojes e incluso coches. El tiempo dirá.

Akse, arte sin permiso

Cuando tienes 15 años y estás metido en el mundo del graffiti, fijarte en todo lo que se pinta a tu alrededor es parte de tu día a día. En esa época, estudiaba en El Escorial, uno de los pueblos de la sierra madrileña donde más actividad había; por lo que mis ojos se nutrían cada tarde de cientos de tags y decenas de piezas recién pintadas. Ya fuesen de los años 90 o comienzos del SXXI, procuraba ver todo tipo de graffiti, tanto de décadas pasadas como de actualidad; algo que a día de hoy es casi imposible gracias a las medidas de “limpieza” por parte de los ayuntamientos, quienes han conseguido borrar de los muros para siempre gran parte de la historia del arte. El graffiti es un arte efímero, y la fotografía su mejor aliada.

Una de las crews que más llamaban mi atención era AXP, cuyo rastro iba siguiendo por las calles y vías del tren como si fuese un sabueso. Hace unas semanas, conocí en persona a Akse, uno de sus integrantes más activos. Durante unas cuantas horas, estuvimos hablando de graffiti, compartiendo impresiones y tomando algunas cervezas. Aquí tenéis el resultado del encuentro ¡Que lo disfrutéis!

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Akse – “ Empecé a pintar graffiti en el 95 primero con un Edding 800 y luego, entre varios colegas, con botes que comprábamos en los chinos o en ferreterías a precios prohibitivos. Vivíamos en San Lorenzo y cuando alguno iba a Madrid todos le pedíamos pintura; comprábamos los Felton en Tiempo Libre o los Montana en Tribu Urbana, según lo que recaudáramos, ya que cada bote te salía a 350 o 450 ptas. En Tiempo Libre había gente que te robaba los botes, “volcaban” a chavales. Era gente que se tiraba las tardes muertas para robar botes a los niños. Yo robaba rotuladores en tiendas, pero si tenía dinero compraba botes. Le dejaba pintura a los colegas y otras veces ellos me la dejaban a mi. Nosotros siempre hemos visto el graffiti como algo divertido, hemos sido gente sana que no buscábamos pelea, nunca hemos ido a pegar a nadie.

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En San Lorenzo hicimos un grupo que éramos los ESK y luego hicimos otro que era los CB4. Pintamos una temporada con ese nombre, también como MG junto a gente del pueblo que más tarde lo dejó. Era la época de los DN, SF, KGB, PM y KL. La cintas de rap que teníamos eran grabaciones de las maquetas y discos que “rulaban” por ahí; como las de Kase O, Bufank, La Puta OPP, CPV, 7 Notas, Desastre Natural, etc. Mi amigo Domin estudiaba en Buitrago y cada fin de semana traía cintas nuevas para nuestro deleite.

Los fanzines originales los fotocopiábamos y hacíamos copias grapadas. Entre los colegas, lo que tenía uno lo teníamos todos. “Rulaban” mucho las propiedades, las pequeñas pertenencias eran objetos comunales, eran de todos. El día que uno tenía cualquier cosa “flipabas”, porque al día siguiente lo teníamos todos. Antes, un fanzine o una cinta eran tesoros.

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Me fui a vivir a otro pueblo más pequeño en 1998. Cuando llegué allí no conocía a nadie, pero al comenzar el instituto en Septiembre, me empecé a llevar con Ske; un chaval que me presentó a mucha gente del pueblo. Salía por ahí y me fijaba que había gente que también hacían piezas y tags, eran chavales del rollo. Un día se me presentaron y acabamos debajo de un puente marcándonos unas piezas con tiza, ya que no teníamos otra cosa. Esa tarde se pusieron las bases de lo que luego seríamos los AXP.  Después de ese día, empezamos a bajar juntos a Madrid para pillar pintura y pintar después por el pueblo.

El nombre de AXP surgió con el tiempo, porque éramos un grupo de amigos que pintaban y buscábamos un nombre que nos representase. Al principio era SK y después surgió Arte Sin Permiso, pero nos sonaba mejor AXP y así se quedó. Esto fue en el verano de 1998 y, desde entonces, hemos crecido juntos. Somos más un grupo de amigos que un grupo de escritores, ese era nuestro sello de identidad. Hemos viajado juntos para pintar, hemos sido padres, nos hemos casado, hemos salido en fanzines y nos hemos dado a conocer así.

Éramos unos inconscientes, lo pintábamos todo. En un pueblo, de uno 1200 habitantes, en el que empiezan a aparecer pintadas, en el que todo el mundo nos conoce, en el que todo el mundo es familia y en el que una vez al año nosotros pintábamos para el ayuntamiento; pues acabamos metidos en líos sin querer. Hemos pretendido no pintar casas, hemos pintado en lugares que no debíamos, hemos hecho chiquilladas y cometido errores que, ahora mismo, no haríamos. Lo que nunca hemos hecho es hacer daño a alguien.

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En el pueblo teníamos nuestro Hall of Fame y un turno de tren para pintar cuando nos diese la gana. Mucha gente de todo Madrid venía a pintar a ese turno, era bastante famoso. Allí fueron los grandes nombres del graffiti madrileño en los 90, como Alkón, Sha, Bat, Freg, Joke, Lama, Neal, Nei, Buni, Wosoy, Jeos, Thow, Grek, Mika, ATV, DTS, etc. Todos pintaban allí y a muchos de ellos les acogíamos cuando venían.

Imagínate que te vas a pintar a un pueblo en invierno, son las 19h00, de noche y el próximo tren para volver a tu casa es a las 21h00. En esas dos horas estábamos con ellos, les sacábamos abrigos si hacía frío o un bocadillo si tenían hambre mientras hablábamos de pintar. Si no pintábamos con ellos, les decíamos como entrar y salir, con quien había que tener cuidado y con quien no. La gente estaba encantada, mejor eso que algunos cazurros que te recibían a palos o te tiraban piedras. Nos estaban muy agradecidos, nos avisaban cuando venían a pintar y les decíamos si estaba muy vigilado o no.

Con el tiempo se convertían en muy buenos colegas y quedábamos para pintar juntos en muchos otros sitios, preferíamos que vinieran ellos a otra gente. Hemos conocido gente de todo Madrid, desde Vicálvaro a Aluche, nos acogían también como lo hacíamos nosotros.

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Siempre hemos tenido una relación muy estrecha con gente de San Lorenzo y Villalba. Poco después nos juntamos todos bajo el mismo paraguas: La Sierra. Éramos escritores de Ávila, El Escorial, Villalba, Alpedrete, Collado Mediano, etc. También gente de Las Rozas, de hecho había polémica ya que este no es un pueblo de la sierra, pero nosotros no echábamos a nadie; éramos un grupo más para unir que para separar. Teníamos nuestras sudaderas, camisetas y pintábamos juntos, siempre con Joke y Lama como mentores y punto de unión. Fue una época muy bonita, había mucha unión y conocíamos gente que, con el paso del tiempo, no vuelves a pintar con ellos pero sí quedas para tomar unas cervezas.

Los viernes por la tarde íbamos a revelar carretes a San Lorenzo o al Galaxia de Moncloa, era un punto de unión de todos los escritores de Madrid. Ibas allí, y entre que dabas el carrete y te lo devolvían, podías conocer a otros escritores, quedar con ellos e intercambiar fotos; porque ellos tenían algunas tuyas en su carrete y al revés. Era un mundillo muy fraternal que, ahora mismo, ya no veo porque no existe. Pasaba lo mismo en World Wide, fueras a la hora que fueras, veías siempre a la misma gente porque era donde se quedaba.

En mi casa el teléfono estaba en el salón, por lo que no podía tener conversaciones “secretas” con nadie. Cuando había algún “tómbolo” llamaba a los colegas para avisarles, ellos sabían lo que era pero mi madre no, cuando lo escucho por primera vez pensó que era una droga. “Tómbolo de regional naranja” para ella debía ser lo peor de lo peor y para nosotros un milagro caído del cielo. No había ni teléfonos móviles, ni Facebook ni Whatsapp; por lo que si querías hablar con alguien, tenías que hacerlo así o salir y llamar por una cabina.

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Respecto a las influencias, los de mi generación imitábamos a los escritores y pioneros de nuestro barrio, ciudad o pueblo. En mi caso, primero conocí a gente que me gustaba como pintaba y a los que imitaba, a raíz de conocerles descubrí a los pioneros y luego a los pioneros de NY; gracias a películas como Style Wars, libros como el Spray Can Art y fanzines. Mi estilo está definido por la gente de San Lorenzo en los 90, aunque luego veo gente de NY, a los TFP, y me flipa. Me acuerdo de ir por Madrid y reconocer los estilos por barrios, como cuando surgió el estilo “aravaqueño” de la zona de la A6 de Las Rozas y Pozuelo, había un estilo propio. Al igual que en San Lorenzo, había un estilo definido a finales de los 90.

Llegó un momento a mitad de la década que hubo una oleada de vandalismo en el graffiti, Ácidos, cristales rallados, escritores con bates en los metros; todo eso para el periodismo sensacionalista les vino muy bien para criminalizar el resto del graffiti, les dimos pretextos para llamarnos criminales.

¿No está bien pintar trenes? Lo sabemos todos, es sentido común. Nos puede gustar más o menos pintar trenes, vale, pero pegar al de seguridad para pintar un tren… creo que hay unos límites. Cuando íbamos a pintar tren, si había guardas jurados lo que hacíamos nosotros era irnos, no volver 15 tíos para pegar a los jurados y pintar. No defiendo la violencia en ningún sentido, al igual que a mi me han pegado porrazos yo no defiendo que se peguen porrazos a los de seguridad. El juego es buscar la picaresca para pintar cuando no estén o cuando no te vean.

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En Barcelona se pintaba mucho porque era más fácil, eso siempre ha sido así. La gente viajaba hasta allí porque sabían que iban a triunfar. En un fanzine a nivel nacional como la Wanted, por ejemplo, las páginas que más molaban eran las de Madrid; porque el riesgo de pintar un tren en Madrid le daba a la foto mas caché que irte a Barcelona a pintar un Wholecar, eso era así. El metro en Madrid es el más difícil de toda Europa,  pintar un tren en Madrid te daba un cache que no te lo daba pintártelo en otro lado. Luego veías películas,como las de Misión Imposible del Buni, Bajo TierraPush it to the limit, por ejemplo, y flipabas. Molaba porque veías a la gente que te gustaba de Madrid, gente que conocías, y eso te llenaba de orgullo; lo veías y te daban ganas de pintar.

Me tocaron los 90, me toco el graffiti y estoy muy orgulloso de haber vivido lo que he vivido y conocer lo que he conocido y de haber formado parte del graffiti de los 90 y lo que supuso el efecto 2000 y eso no me lo quita nadie. El Graffiti es una bestia que tienes dentro de tí y, o la alimentas, o la apaciguas. El que ha pintado y ha sentido esa adrenalina le es muy difícil dejar de hacerlo.

Un saludo a mi mujer, mis hijas, AXP, SF, DN y a todos los escritores con los que he coincidido.”

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La mirada de Kahlil Joseph

La mayoría de los videoclips de rap tienen la extraña característica de parecerse formalmente. Con el paso del tiempo, es cada vez más difícil encontrar alguno en el que no aparezca el músico mirando a cámara mientras rapea junto a sus colegas; videoclips rodados con movimientos de cámara simples y con muchos cortes, que buscan llamar nuestra atención y evitar desesperadamente que nos aburramos. Éste tipo de vídeos se han establecido como el “canon oficial” de los videoclips del género, como si de una moda de carácter crónico se tratase.

Por suerte, cuando existe una norma también existe una excepción. Siempre hay artistas dispuestos a marcar la diferencia, a buscar nuevos caminos y a sentar las bases de un estilo personal. Kahlil Joseph es uno de ellos, y ha conseguido hacerse un hueco dentro de la industria.

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No hay mucha información sobre este director afincado en la ciudad de Los Ángeles (Califronia, USA), de lo poco que hay son algunas webs que recogen sus últimos trabajos y un artículo del prestigioso magazine The New Yorker. Kahlil Joseph es una rara avis que, una vez que te topas con ella, es difícil que no te embauque por completo.

Sus comienzos dentro de la industria audiovisual son todo un misterio, pero su salto a la fama dentro del mundo audiovisual se puede rastrear fácilmente, gracias a su estrecha colaboración con uno de los grupos más interesantes de la escena del rap, los infravalorados Shabazz Palaces.

El primer videoclip que firma como director marca los precedentes de su peculiar estilo, el cuál irá puliendo poco a poco con el paso del tiempo, trabajo tras trabajo. El guiño a la película “Killer of Sheep”, la fotografía en blanco y negro o el magistral uso del plano secuencia nos conducen a pensar que Kahlil Joseph posee un universo propio capaz de evocar a Bela Taar con elegancia y virtuosismo.

Tras su entrada por la puerta grande de la escena, la marca de zapatillas Vans se interesó por el trabajo de Kahlil, llegándole a ofrecer realizar un fashion film en el que apareciesen artistas de la talla de Melvin Gibbs.

En esta pieza, apreciamos un nivel de abstracción muy superior al de su primer trabajo. La música de Flying Lotus funciona como si fuese una partitura sobre la que crear imágenes  con fuertes reminiscencias esotéricas. Dejarse llevar es la única manera de poder disfrutar del vídeo que estamos contemplando, ya que el director no busca transmitirnos un mensaje racional, tan solo quiere deleitarnos con aquello que vemos y oímos.

Tras el primer visionado, no pude evitar encontrar una estrecha relación con A Love Supreme, el video realizado por Thomas Campbell para la archiconocida marca Supreme. A pesar de que ambos guardan notables diferencias, tanto a nivel conceptual como estilístico, la belleza de sus imágenes son equiparables ya que consiguen transmitirnos una vitalidad efímera que alberga intrínsecamente el skate.

Poco después, sus amigos de Seattle (Washington, USA) volvieron a encargarle que dirigiese su próximo video para la campaña del lanzamiento de su último álbum “Black Up”.

¿Videoclip o cortometraje? La línea que separa el film de una u otra categoría es inexistente, se trata de una pieza audiovisual que puede resumir y contar todo el concepto del disco en muy pocos minutos. Las calles del Bronx (NY, USA), Beacon y algunos otros lugares de Puerto Rico, se nos aparecen como si estuviésemos en un fever dream a ritmo de canciones fragmentadas. El director consigue evocar la película de Dziga Vertov “A man with a movie camera”, creando una obra de corte experimental que nos conduce por un universo onírico, donde realidad y ficción se entremezclan de forma natural.

Tras el éxito de “Black Up”, Kahlil repite la misma fórmula con el nuevo álbum de Flying LotusUntil the quiet comes”

Rodado en 35mm por algunas calles de Los Ángeles (California, USA), se trata de un emotivo film que nos muestra la violencia y poesía existente en las calles de la ciudad. De forma magistral, el autor alcanza en esta obra su mejor creación hasta la fecha, llegando a ganar el Premio especial del Jurado en el prestigioso festival norteamericano Sundance Film Festival.

Alcanzada la gloria, la firma de moda Kenzo muestra interés por colaborar con el director norteamericano y realizar junta a él un expléndido fashion film.

De nuevo, Kahlil vuelve a contar con su colega Ishmael Butler, de Shabazz Palaces, para crear uno de sus vídeos más enigmáticos. Las referencias a la cultura afroamericana y los códigos dificilmente descifrables, nos transportan al concepto de esculpir en el tiempo de Andrei Tarkovsky y al mundo ficticio de la película “Space is the place”, dirigida por el músico de jazz Sun Ra.

Equation wise, the first thing to do is to consider time as officially ended. We work on the other side of time.” Sun Ra

En la pasada edición del Sundance Film Festival, se pudo apreciar el último proyecto del director junto al archi-conocido Kendrick Lamar, un vídeo basado en el último disco del rapero: “Good Kid M.A.A.D city: A shortfilm by Kendrick Lamar”.

Bajo las mismas premisas que en los trabajos musicales anteriores, el director ha rodado un film de catorce minutos basado en las canciones del álbum de Kendrick. Visto el nombre del álbum no es de extrañar que el director y el músico se unieran para trabajar juntos, ya que su visión y concepto de la música y el cine son bastante similares, convergiendo de manera natural. El proyecto aún no se ha estrenado por internet, quizá sea por eso de que lo bueno se hace esperar o que el film continúa moviéndose por festivales. Sea por el motivo que sea, de momento solo podemos disfrutar de algunos fotogramas sueltos que circulan por internet.

Existen más trabajos del director que, por criterio personal, he decidido no incluir en este post, seleccionando solamente los que he considerado más interesantes o representativos. Kahlil Joseph es un cineasta de la industria creativa al que no podemos perderle de vista; con tan solo unos pocos trabajos a sus espaldas, ha conseguido ganar festivales y crear un estilo personal y muy bien definido ¿Algún día realizará una película de más de una hora? ¿Cómo será? Por el momento, no podemos hacer más que esperar a lo que nos deparará el futuro y rezar porque susodicha película se haga cuanto antes.

El arte de contar historias con paredes en movimiento

La historia de la animación ha dado, a lo largo de toda su existencia, nacimiento a un sinfín de técnicas variadas, divertidas y arriesgadas. Todas ellas cuentan con múltiples ejemplos que demuestran que prácticamente cualquier material, o soporte, es válido para poder generar un universo particular que permita hacer una película o video.

Si nos ponemos a indagar sobre éste género, nos encontramos con múltiples formas de dar la sensación de movimiento a través de las imágenes. Técnicas como el cut-out, claymotion o la rotoscopia han sido desarrolladas por cientos de artistas de todo el mundo; aunque sin lugar a dudas, la más extendida sea el famoso stop motion. A pesar de que parezca que cada una de ellas es independiente del resto, es muy común que todas ellas se entremezclen en las propuestas audiovisuales, permitiendo que los creadores utilicen las ventajas de unas y otras para realizar obras con personalidad y estilo propio.

Era tan solo cuestión de tiempo que algunos cineastas o artistas urbanos decidiesen embarcarse en el arte de contar historias a través de animaciones realizadas en muros. Quizá el artistas más reconocido dentro de ésta técnica de rodar sea BLU, quien a través de internet, dio a conocer sus producciones fílmicas por todo el planeta.

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Seguramente él no fuese el primero en emplear este método, ya que otros artistas menos conocidos como Lush o Zebra, Tugs, Niato and The Basta también han recurrido a este método de animar para experimentar con el graffiti y el video. Existen muchos otros artistas que han aprovechado su talento para realizar vídeos de animaciones relacionadas con el graffiti, no se trata de algo nuevo dentro del mundillo, pero siempre existen algunos escritores que ya sea por su actividad o fama dentro del gremio, o por su talento, consiguen llegar fácilmente a un gran publico y apuntarse el tanto.

Sea quien fuese el primero, parece que ésta forma de hacer cine ha ido creciendo y creciendo hasta llegar a los Oscars; el festival de cine más famoso y promocionado del mundo.

Y su llegada ha sido a través del cortometraje The Bigger Picture, el proyecto de fin de grado de unos estudiantes de la The National Film and Television School; una de las escuelas de cine más prestigiosas del Reino Unido.

Su lista de nominaciones y premios es extensa y no es de extrañar, ya que la obra cuenta con una calidad impresionante y un proceso de dirección artística muy pocas veces visto en el circuito de competición cinematográfica. A través de su página web se pueden ver algunas fotografías del proceso de rodaje del corto, donde el equipo de arte dibuja plano a plano los personajes y demás elementos que cobran vida en esta inusual propuesta.

Esperemos que este sea el comienzo y en los próximos años nos encontremos con más realizadores que se animen y se atrevan a utilizar esta técnica para contar historias y experimentar con las propuestas fílmicas; al fin y al cabo, el cine es un arte joven y nos queda mucho por ver o hacer.

En España, el cortometraje se ha traducido como Panorama general, y se puede ver de manera gratuita, sin necesidad de registro, a través de la plataforma YOMVI.

Amarillo Utopía

A pesar de contar con tan solo dos temporadas, la obra creada por Dennis Kelly y producida por Kudos Film & TV, ha conseguido recopilar una legión de fans gracias a su célebre interrogante activo : “¿Dónde está Jessica Hyde?”.

La trama de Utopía gira alrededor del McGuffin “Los experimentos de Utopía”, un cómic que predice algunos de los acontecimientos más importantes del siglo XX. La novela gráfica cuenta con un pequeño grupo de fans completamente obsesionados con las predicciones que el cómic desvela; hasta tal punto, que uno de ellos consigue hacerse con la única copia de la segunda parte, un manuscrito del que muy pocos saben de su existencia. A partir de ese momento, los protagonistas son perseguidos por “La Red”, una organización secreta que conspira a nivel global, cuyo objetivo es conseguir el manuscrito y encontrar a la misteriosa Jessica Hyde.

Bajo los efectos del suspense y  la paranoia conspirativa, nos encontramos con la excelente dirección de Marc Munden y un sorprendente diseño de sonido elaborado por Tim Barker. Mientras que en el apartado visual, Marc y Dennis consiguen fascinarnos gracias a su apuesta por una estética “que parece de cómic”

Esta elección no fue casual, el primer capítulo comienza en una tienda de cómics y, además, toda la trama gira alrededor de una novela gráfica. También aparecen constantes homenajes al noveno arte, como el verdadero nombre de Arby: Pietre, que guarda una similitud con Pietro Maximoff, el hijo de Magneto. Aunque estas asociaciones, pueden venir dadas por libres interpretaciones, las cuales, tienen sentido dentro de la lógica en la que se desarrolla Utopía.

Para poder conseguir la estética deseada, Marc y Dennis decidieron que el tratamiento del color y la dirección artística debían de ser sus mejores aliadas. Pero como en cualquier proceso de preproducción, haría falta buscar algunas referencias sólidas que respaldasen su decisión. Una de ellas fueron las fotografías de William Eggleston.

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En una  entrevista realizada a través de Twitter, el mismo director admitió que algunas fotografías de Eggleston, quien es considerado como el maestro del Dye Transfer, fueron una referencia clave para marcar el estilo fílmico de la serie. “El colorista supremo de la fotografía estadounidense” según el fotógrafo Martin Parr, utilizaba esta peculiar técnica de revelado para destacar algunos colores por encima de otros, dando a sus fotografías una fuerza y vitalidad genuinas. Pero no solo el uso del color influyó a la hora de diseñar Utopía, la mirada de William Eggsleston también se refleja en la importancia que Marc Munden da a determinados objetos, como la característica bolsa amarilla de Arby, que desde el principio acompaña al joven asesino.

Si la percepción del color es una construcción cultural, durante la primera mitad del siglo XX la fotografía en blanco y negro se consideraba lo más parecido a la realidad, mientras que la imagen colorida era percibida como poco representativa o falsa. Marc Munden era consciente del cambio de paradigma perceptivo-cultural que supusieron las fotografías de William Eggleston, por lo que apostar por el uso de colores contrastados que tontean con el fauvismo se convirtió en la mejor elección para conseguir “la estética cómic”.

Pero como siempre, las referencias siempre son muchas y, por lo general, cuantas más mejor. Otra de las que Marc mencionó son las postales de John Hinde.

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Su obra evoca una visión nostálgica de Gran Bretaña, la mayoría pertenecen a Irlanda, un país que en los años 40 contaba con una gran afluencia de turismo. En las postales de Hinde, el color encuentra una semejanza única con lo pictórico. Marc Munden consigue lo que se propone, ya que si tuviéramos que adjetivar la fotografía de Utopía, justamente esas serían las palabra adecuadas: fotografía pictórica.

El resultado es un constante uso de los contrastes, una elevada saturación y uso pictórico del color; los cuales permiten a Marc Munden hacernos creer que, a pesar de encontrarse en localizaciones costumbristas, los personajes se mueven a través de viñetas u “otro mundo de fantasía”.

No importa que la serie esté rodeada de algunas controversias, como fue el caso de las quejas por parte de algunos ciudadanos al ver las escenas de violencia en las que aparecen niños; porque de todas formas, Utopía no ha parado de cosechar muy buenas críticas. Denny Kellys y Marc Munden nos deleitan con una BSO atrevida como pocas, una dirección de fotografía impecable y, de paso, una impresionante demostración del uso del color. Sobre todo el amarillo, omnipresente en casi todas las escenas y marca propia de Utopía.

 

Hacer cine con un iPhone y no fracasar en el intento

La democratización que ha producido el desarrollo de las nuevas tecnologías en el ámbito cinematográfico, ha generado un nuevo escenario en que ya no caben excusas para no hacer buen cine con “cuatro duros”. Hasta hace unos años, embarcarse en la producción de un videoclip, un cortometraje o cualquier otro producto audiovisual, involucraba una gran suma de dinero. Rodar en 35mm u otro formato analógico, era una tarea muy costosa a la que solamente unos pocos podían acceder.

En la actualidad, el cine sigue siendo un medio de expresión artística  bastante caro en comparación con otras artes, como puede ser la pintura o la música, pero el desmesurado y beneficioso abaratamiento de los materiales, ha permitido que miles de nuevos cineastas puedan realizar sus proyectos con presupuestos que no tienen más de dos ceros a la derecha.

Uno de los mejores ejemplos para ilustrar este cambio, y quizá el más paradigmático, es la película Tangerine, recién estrenada en la pasada edición del Sundance Film Festival.

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Rodada con tan solo un iPhone 5s, Tangerine ha conseguido llamar la atención dentro del sector cinematográfico gracias a su reducido presupuesto, convirtiéndose en una de las películas Low Budget mejor consideradas de los últimos años. Gracias a la app Filmic Pro,  una Steady Cam  y una lente anamórfica de la marca Moondog Labs – lentes de 50 $ que permiten rodar con un campo de visión más amplio – la película dirigida por Sean Baker posee una look fotográfico inusual que dota de personalidad propia a toda la obra.

Si bien es cierto que el trabajo de postproducción consiguió culminar la estética, la calidad del dispositivo móvil, junto a las buenas prestaciones y resultados de la aplicación, ha permitido que el resultado sea más que óptimo y sumamente competente; al menos lo suficiente como para entrar en competición en uno de los festivales de cine más prestigiosos del mundo, que no es poco.

Cabe mencionar que, a pesar del ínfimo presupuesto en fotografía, existen otros aspectos de producción que siguen teniendo un precio más elevando; como puede ser el etalonaje, el sonido y los sueldos del equipo tanto artístico y técnico. Todos estos, hay que tenerlos muy presentes a la hora de embarcarse en un proyecto de estas magnitudes, pero siguen siendo poco más que meras trabas y caprichos de producción técnico frente a la cuestión de fondo que envuelve a Tangerine:  el aumento del interés por parte de la industria del cine hacia las buenas historias y hacia aquellos creadores que estén dispuestos a contarlas, aunque sea con un teléfono móvil.

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La película nos muestra la vida de dos transexuales reales –Kiki Kitana y Mya Taylor – que deambulan por las calles de Los Ángeles en busca de su novio proxeneta, con el objetivo de descubrir si son verdad los rumores que circulan sobre su supuesta infidelidad.  Sin ningún tipo de experiencia previa en el mundo del espectáculo, el director decidió trabajar con ellas tras conocerlas en un casting LGTB organizado en el estado de California.

Muchas de las escenas de la película están rodadas en escenarios y personajes reales; como por ejemplo, aquellas que transcurren en los transportes públicos o en el barrio rojo Santa Mónica Boulevard, donde grabaron sin ningún tipo de  consentimiento por parte  de los clientes que frecuentaban el barrio en busca de droga o compañía de alguna chica. La capacidad de pasar desapercibidos, permitió hacer pensar a los transeúntes que el equipo de Tangerine estaba realizando algún tipo de video casero, sin pretensiones de llegar a ser alabada en festivales.

Puede que la película, termine siendo tan solo una mera anécdota cinematográfica o una genialidad que rápidamente será imitada, no lo sabemos. Lo que sí podemos afirmar, es que en esta época de “youtubers” y video virales, realizar productos audiovisuales es una tarea al alcance de todos. Solamente hacen falta buenas ideas y un poco de voluntad para poder llevarlas a cabo.

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(Imágenes vía: Indiewire)

Bienvenido a Dismaland, el último proyecto de Banksy

Dismaland es el último trabajo del artista urbano Banksy.

A lo largo de la semana pasada, distintos medios internacionales han anunciado la que es, hasta la fecha, el trabajos más ambicioso del artista urbano Banksy: Dismaland, un centro recreativo abandonado que ha sido reconvertido temporalmente en una parodia de los lugares de ocio y la cultura del entrenamiento.

Localizado en la ciudad balneario Weston-Super-Mare (Reino Unido), las obras que acoge el recinto se han instalado sin levantar sospechas entre los vecinos de la localidad, quienes desconocían la verdadera naturaleza de las actividades que se estaban llevando a cabo en el recinto. Para mantener en secreto la elaboración del proyecto, se les comunicó que un estudio de Hollywood (Los Ángeles, EEUU) estaba construyendo varios escenarios para el rodaje de una película, con el fin de evitar cualquier filtrado de información sobre el último trabajo del artista.

Dismaland da cobijo a tres galerías de arte contemporáneo y  se celebraran actuaciones de diversos artistas como Run the Jewels, Sleaford Mods, Massive Attack, Pussy Rio y la famosa humorista Katherine Ryan.

Las puertas del recinto abrieron al público el 22 de agosto y se podrá visitar hasta el 17 de septiembre del 2015.

Fotografías de Reuters y Yui Mok PA WIRE.